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sábado, 7 de junio de 2008

Interpretando a Edward Hopper

"Cine en Nueva York" (1939) The Museum of Modern Art (NY)
Acaba de ser publicado en español un maravilloso libro, Hopper (Editorial Lumen), escrito por el poeta canadiense Mark Strand. Se trata de una obra editada originalmente en 1994 en la que el autor interpreta una treintena de cuadros del pintor norteamericano Edward Hopper. Es por tanto, un ensayo que trata de ir más allá de los análisis a menudo ceñidos a los esfuerzos por ver la representación del american way of life en la obra de este gran pintor realista.
Edward Hopper (1882-1963) ha sido identificado como el pintor de la América urbana y rural de las décadas de los 40 y 50, el artista que ha retratado "cinematográficamente" la soledad del ser humano, situándolo en espacios que parecen detener el tiempo a modo de escenas que quedan atrapadas en el cuadro.
Mark Strand escribe en el prefacio del libro que "los cuadros de Hopper trascienden el mero parecido con la realidad de una época y transportan al espectador a un espacio virtual en el que la influencia de los sentimientos y la disposición de entregarse a ellos predominan." La lectura de ese espacio es el tema de este libro.
Así, en relación al cuadro "Aves nocturnas" (1942) también denominado "Noctámbulos", Mark Strand escribe: hay tres personas sentadas en lo que debe ser una cafetería 24 horas. El lugar está situado en una esquina e iluminado toscamente. Aunque ocupado, un camarero vestido de blanco mira a uno de los clientes. Este, sentado junto a una mujer de aspecto distraido, lo mira a su vez. Otro cliente, de espaldas a nosotros, dirige su mirada hacia la zona en que se encuentran el hombre y la mujer. Se trata de una escena con la que cualquiera pudo haberse topado hace cuarenta o cincuenta años, paseando de noche por Greenwich Village, en Nueva York, o por el corazón de cualquier ciudad por el nordeste de los Estados Unidos. (...) No se nos lleva al interior de la cafetería, se nos conduce por uno de sus costados. La claridad súbita, inmediata, de muchas escenas que registramos al pasar nos absorbe, alislándonos momentáneamente de todo lo demás, y después nos permite continuar nuestro camino (...) La cafetería es una isla de luz que distrae a quien sea que pase por ahí -en este caso nosotros- del destino final del viaje; esta distracción puede ser entendida como una salvación, (...) el lugar donde dejamos de ser, el final de nuestros trayectos individuales.
"Aves nocturnas" (1942) The Art Institute of Chicago

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