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lunes, 2 de junio de 2014

El Rey de España abdica





Esta mañana todos los medios de comunicación han implosionado casi simultáneamente, dando a conocer la decisión del Rey Juan Carlos I de abdicar en favor de su hijo Felipe. Es sin duda, por la trascendencia de este paso, una fecha histórica en el devenir de la sociedad española. Son referencias que quedan grabadas en la memoria colectiva y personal. Son días señalados. Recuerdo nítidamente cuando siendo un niño vi por televisión y en blanco y negro, un avance informativo con el anuncio del asesinato de John F. Kennedy, era el 22 de noviembre de 1963. Hoy, 2 de junio de 2014, he conocido a través de un teléfono móvil la noticia de que el Rey de España deja de ejercer su función en la Jefatura del Estado.

Las primeras reacciones reflejadas en los medios de comunicación (televisión, radio, Internet) han proyectado la impresión de que lo ocurrido ha supuesto una sorpresa, ya que no había aparentemente indicios que pudieran dar pie a predecirlo. Políticos, periodistas, juristas, etc., parecen haber sido cogidos desprevenidos con esta importante decisión de gran calado político, pero también social y hasta económico. El Rey ha abdicado cuando su popularidad está en el peor momento de toda su trayectoria, después de 39 años, como Jefe del Estado, y previamente haber sido señalado como heredero del general Francisco Franco en el año 1969. Su figura ha sido valorada especialmente por su papel de salvaguarda de la democracia en momentos especialmente duros, como ocurrió en el mandato presidencial de Adolfo Suarez. Después de un amplísimo periodo en el que la familia real ha estado a salvo de noticias comprometedoras, los importantes errores del propio Rey y de su familia han desvelado facetas problemáticas que han desgastado con rapidez la imagen  institucional de la Corona.

Pero no cabe duda que también han contribuido a esta decisión otros factores, fundamentalmente de índole social y política. Los partidos políticos que han gobernado desde la transición española, propiciada por la muerte del Dictador, bajo la fórmula de democracia parlamentaria instaurada en el año 1977, han sufrido, igual que el Monarca, un profundo desgaste, acentuado en los últimos años por la incapacidad de los dirigentes políticos para adaptarse a las nuevas realidades y por gestionar mal las crisis globales y también las domésticas. Los resultados de las últimas elecciones europeas, celebradas el pasado 25 de mayo en España, han supuesto un mal resultado para los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder a nivel estatal. El surgimiento de diferentes movimientos, refrendados por las urnas, que proponen alternativas a la incapacidad de los viejos gobernantes y al propio modelo de Estado, supone un serio aviso de que la sociedad exige otros dirigentes y otras formas de gobernar.

La abdicación del Rey subraya el hecho de que los cambios son una necesidad, y está por ver si estos se producen en el sentido que la sociedad española los demanda.