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de las tecnologías y su relación con la cultura y la educación.



sábado, 20 de diciembre de 2008

Los menores en Internet. Un portal formativo desarrollado en Andalucía

Acaba de presentarse un nuevo portal de Internet que permite a los niños acceder de forma segura a la Red mientras aprenden a utilizar las nuevas tecnologías.
Se trata de Kiddia, un portal en el que los niños pueden navegar con total seguridad y libertad mientras aprenden a utilizar y aprovechar las nuevas tecnologías. Esta es una iniciativa, auspiciada por la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, de la Junta de Andalucía. Esta iniciativa está vinculada al desarrollo del Decreto de Protección del Menor en el Uso de Internet y las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TIC); el primer texto normativo aprobado en España para garantizar el acceso de los menores andaluces a la Sociedad de la Información en un contexto seguro.
El nuevo portal pretende implicar a padres, tutores y profesores, responsabilizados en la educación de los menores en el ámbito de la Sociedad de la Información. Está pensado para menores de hasta once años y pretende motivarles para que lo utilicen como red de encuentro y como espacio interactivo que ellos mismos pueden construir. Así, en este portal pueden contar sus propias historias o crear sus blogs, haciendo uso de su imaginación y creatividad. Además, encontrarán juegos, concursos, foros o talleres interactivos.
Al mismo tiempo, es un portal familiar que otorga también protagonismo a los padres y tutores, que son los que deben orientar y educar a los niños para que hagan un buen uso de este instrumento y aprendan a sacarle el mayor provecho. Para facilitar esta tarea, pueden encontrar información, consejos y actividades que les ayudarán a conocer las nuevas tecnologías en familia: filtros de contenido, una guía multimedia de formación TIC y diversos foros en los que podrán realizar consultas a expertos.
De la misma forma, los docentes tienen su rincón en Kiddia, donde se recogen consejos y recomendaciones para integrar las nuevas tecnologías en el aula y utilizarlas como una herramienta con muchas posibilidades para el desarrollo de los alumnos. En la creación, diseño y elaboración y tratamiento de los diferentes contenidos de Kiddia trabaja un equipo de especialistas en educación y psicología infantil: pedagogos, creativos literarios y animadores socioculturales, entre otros.
Este proyecto digital se completará a principios de 2009 con la puesta en marcha de otro portal de las mismas características, llamado www.37seis.org, dirigido a los adolescentes (entre 12 y 17 años). Los niños andaluces se conectan cada vez más a Internet y utilizan las TIC con mayor asiduidad. Ahora, el 90,1% de los niños de 10 a 15 años de Andalucía usa el ordenador, frente al 58,1% que lo hacía en 2004. Esto supone un incremento del 55%, una cifra superior a la media de crecimiento nacional (38%), según los datos de la última encuesta sobre 'Equipamiento y Uso de las TIC en los Hogares' (2008), del Instituto Nacional de Estadística.
Además, el 74,5% accede a Internet -un 57% más que hace cuatro años- y un 64,1% dispone de un teléfono móvil. En relación a este punto, la comunidad andaluza también experimenta un mayor crecimiento respecto a la media nacional, situado en un 36,5%. Así, más de siete de cada diez (72,4%) menores andaluces se conectan a la Red en sus hogares y el 82,4% lo hace como medio de ocio, música y juegos durante su tiempo libre.
El informe sobre 'Nuevas Tecnologías e Infancia y Adolescencia 2008', elaborado por el Observatorio de la Infancia de Andalucía, revela que los padres ejercen escaso control sobre los contenidos que ven sus hijos en la Red. De hecho, la mayor parte de ellos desconoce la existencia de filtros. En esta misma línea, los menores reconocen que la protección que ejercen sus progenitores se reduce al número de horas que permanecen delante de la pantalla y a evitar que su uso interfiera en los estudios.

martes, 16 de diciembre de 2008

Panfletos contra la Pedagogía

De un tiempo a esta parte, y con creciente insistencia se viene escribiendo sobre la supuesta nefasta influencia de los pedagogos, en términos descalificatorios, incluso insultantes: La estafa del enseñar a enseñar (El País, 8/12/2008); Algunos males del sistema educativo (El País, 4/12/2008) son algunas referencias recientes en los medios de comunicación. El autor del último artículo citado, es también responsable del Panfleto antipedagógico publicado hace algún tiempo con similar finalidad. Sin duda las críticas permiten el sano y recomendable ejercicio de reflexionar sobre tu propia actividad profesional, lo cual habitualmente suele tener consecuencias positivas, pero más allá de este efecto beneficioso, tanto ataque y tan insistente es evidente que tiene otras motivaciones que las de mejorar el mundo de la pedagogía.
En nuestro maravilloso idioma el término panfleto se refiere a un libelo, habitualmente agresivo o difamatorio, connotaciones que no tienen equivalencia en francés o en inglés. Ricardo Moreno Castillo, autor del panfleto antes citado y del libro De la buena y la mala educación, muy valorado por Fernando Savater, utiliza términos como fanáticos, charlatanes, ignorantes o irresponsables, para referirse a pedagogos concretos y a la pedagogía en general. Según su visión, los pedagogos contemporáneos tienen una gran cuota de responsabilidad en el estado actual del sistema educativo español, en el fracaso de la LOGSE, de los resultados reflejados en el Informe PISA o de la inutilidad del CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) un curso de formación pedagógica, obligatorio para poder impartir clase en la enseñanza secundaria y el bachillerato. Y más allá de toda esta batería de acusaciones se afirma sin rubor que la pedagogía no es una ciencia.
Esta unilateralidad en señalar a los causantes de una situación “que hace agua por todas partes” en referencia al sistema educativo español, según estos autores, se atenúa por si misma en buena medida ya que algo tan complejo como la educación no pivota sobre un solo elemento desencadenante como es obvio. Resulta llamativo en los escritos citados la insistencia en señalar al CAP, que es el referente más visible de la pedagogía para los miles de profesores de enseñanzas medias en España, como un producto de los pedagogos. Sin duda es una afirmación poco afortunada, ya que se trata de un curso impartido por licenciados en pedagogía pero también por profesores de secundaria y bachillerato; pero más allá de eso se trata de una propuesta formativa claramente insuficiente, diseñada por los responsables educativos ministeriales y autonómicos en su momento y aceptada durante muchos años por su levedad y facilidad de obtención por sus destinatarios finales, los futuros profesores.
Esa propuesta formativa desafortunada por insuficiente y por planteamiento –no es posible obtener una formación pedagógica en unas semanas-, es continuamente citada para evitar que el nuevo Máster de Formación del Profesorado (ECI/3858/2007) quede “en manos” de los pedagogos. Su descalificación persigue que dicho Máster sea impartido por los que dominan los conocimientos disciplinares, en detrimento de las Facultades de Educación. Para encubrir ese interés corporativo se ataca a la pedagogía.
Lo llamativo es que estos esfuerzos panfletarios se hacen desde un profundo desconocimiento de lo que es la pedagogía. Hablamos de una ciencia, que lo es no porque utilice una jerga específica como afirman los autores de los artículos y libros arriba citados, sino fundamentalmente porque desarrolla una investigación de larga tradición sobre las múltiples problemáticas educativas, apoyada en metodologías científicas contrastadas y cuyos resultados se presentan en congresos nacionales e internacionales. Problemas relativos a la organización escolar, la orientación educativa, la aplicación de las nuevas tecnologías a la enseñanza, la evaluación de los procesos de aprendizaje, la formación de la afectividad y así sucesivamente son objeto de análisis, de reflexión y de elaboración de soluciones y propuestas. Cada año los programas de investigación nacional financiados en convocatorias competitivas contemplan líneas preferentes de investigación educativa, y por tanto con un claro interés público.
Afirmar que todas estas aportaciones no sirven para nada, es simplemente ignorar la realidad educativa. Pero como he tratado de argumentar, la corriente antipedagógica no es apoyada por ignorantes sino por intereses concretos que pretenden acceder a mayores cuotas de docencia en las nuevas titulaciones de posgrado por la vía de la descalificación de los que se perciben como contrarios. Curiosa manera de entender la Educación.